Xº Aniversario de Lehman: Vuelven los gurús del apocalipsis

Luis Aparicio

Se rememora estos días profusamente el décimo aniversario de la quiebra de Lehman Brothers y la profunda crisis financiera que afectó de forma importante a la economía real. La recesión se extendió por todo el mundo con sus efectos habituales de cierre de actividad productiva y crecimiento del paro.

Podía referirme a los puntos oscuros de la solución a esta crisis. Un cierre en gran medida hecho en falso con políticas monetarias expansivas y tipos cero que aún no sabemos las consecuencias que traerán. Los endeudamientos públicos, en general, también han crecido y esta tendencia se ha visto además en el mundo de la empresa, sobre todo de los países emergentes.

No me atrevo a afirmar qué pasará en el futuro con estas deudas públicas disparatadas y con empresas que cargan sobre sus espaldas múltiplos imposibles respecto a los beneficios que obtienen cada año. Las familias y más concretamente las españolas, sí que han hecho los deberes al reducir sus volúmenes de endeudamiento de forma notable. Parece que, últimamente, andan un poco desbocadas con el crédito al consumo.

Lo que sí se constató perfectamente en esta larga crisis abierta con Lehman fue la proliferación de numerosos gurús que apoyados en las televisiones asustaban al respetable con tasas de paro del 30% para España y casi, casi hambrunas generalizadas. Aquellos que esperaban un desmoronamiento de todo el sector productivo, incapaces de mostrar la mínima confianza sobre la reacción no solo de las autoridades monetarias mundiales sino también de los ciudadanos.

Medios de comunicación contrarios al Gobierno de Rajoy lanzaban las campañas al vuelo de la siniestra pobreza que rodeaba a España, exageraban los recortes -imposibles si se ve cómo en tiempos de Mariano aumentó la deuda púbica- y nos metieron a todos la congoja del fin del mundo. 

Es más se publicaron numerosos libros sobre esta debacle generalizada de la economía. La desaparición del euro, la vuelta a una peseta hundida que debería responder ante los préstamos concedidos en euros. Deudas que por efecto de esta previsión se multiplicarían y que tendrían que pagar los biznietos. Quiebras globales de la banca y desaparición del ahorro para las economías más modestas. El corralito como exponente de esa fuerte crisis de la eurozona, entre otros.

Pues bien, nada de esto ha ocurrido. Sería necio negar los grandes sacrificios, los recortes, la subida siempre dolorosa del paro, la destrucción de tejido empresarial, la altísima morosidad, el rescate europeo de las entidades financieras, casi en exclusiva cajas de ahorros que luego acababa salpicando beneficiosamente a los bancos compradores. Subastas de entidades saneadas con dinero público a precio de saldo. Y, tal vez, el penúltimo episodio esa adquisición nocturna del Banco Popular por parte del Santander a un euro la entidad.

Se ha pasado mal, muy mal. Salvo la gran empresa, los funcionarios y los nuevos monopolios mundiales, el resto de la sociedad se tambaleó por la crisis pero nunca se llegaron a cumplir –gracias a la Providencia- los nefastos pronósticos de los gurús de cátodo y papel.

Tras unos años de recuperación tanto en España, Europa como en el gigante estadounidense, vuelven ahora los pájaros de mal agüero a apuntar otra debacle de la economía que se producirá en 2019. Indicadores como la planitud de la curva de tipos de interés en Estados Unidos, antesala siempre de una recesión, forma parte del argumentario.

Como ya he apuntado, la gigantesca deuda pública de las grandes economías, agravada en España por su dependencia del capital exterior. Este gusto por la mortificación de las carnes cobra ahora especial sentido político con la llegada al asalto del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez y la flojedad que apuntan y ya apuntaban algunos datos macroeconómicos.

Para mí, una de las lecciones de estos diez años de Lehman Brothers, la que hoy quiero destacar, es la proliferación de los buitres cuando olisquean la carroña con sus mensajes apocalípticos que pese a los graves problemas, aún no se han cumplido. Espero que no lo hagan nunca por el bien de todos. De todas formas, les aconsejo que no les hagan caso. Sufrirán ahora y después si es que se sucede lo que dicen. Al menos, se ahorrarán una de las penas.