Sánchez debería copiar el modelo fiscal de González para el ahorro

Luis Aparicio

Con las habituales dudas de este Gobierno, con sus típicas marchas atrás, parece que se avecina un cambio en el tratamiento de las rentas del capital con el fin de aumentar la recaudación. Se desconocen los extremos de estos cambios y sería bueno recordar al Gobierno de Sánchez que gran parte de esas rentas del capital provienen de rentas del trabajo ahorradas que ya fueron gravadas anteriormente, y mucho.

En la fiscalidad actual y el tiempo de permanencia en un activo financiero o en cualquier otra inversión no tiene relevancia. Esta fiscalidad, que mantuvo en líneas generales el Gobierno Zapatero, nace de la época de Rodrigo Rato como superministro de Economía que estableció un 20% fijo para las ganancias conseguidas. Daba lo mismo que se hubieran generado en un año, en cinco, en diez o en quince años.

Con los años, este porcentaje se elevó de acuerdo con el la cantidad de plusvalía obtenida con la inversión y también desapareció el trato fiscal a los dividendos, sobre todo la exención sobre los 1.500 euros percibidos. En general, con la fiscalidad actual, se gravarán al 19% los primeros 6.000 euros, al 21% hasta 50.000 euros y cantidades superiores al 23%.

Con Felipe González hubo una reforma fiscal a las plusvalías muy interesante que podría servir de orientación al Gobierno Sánchez, aunque no lo creo. Se estableció una clara distinción entre los ahorradores de corto plazo y los medio y largo plazo. A los primeros, se les aplicaba prácticamente el tipo marginal a sus ganancias del capital con alguna distinción si la ganancia se lograba en dos años.

Ahora bien, aquellos que querían ahorrar a medio y largo plazo gozaban de importantes ventajas. Eran los llamados coeficientes correctores que disminuían la plusvalía a medida que se pasaba el tiempo. Para las acciones cotizadas en Bolsa era del 10% anual. Con ello, si se mantenían las acciones de una empresa 10 años no se pagaba nada. Obviamente, en dos años se pagaba un 20% menos, etcétera.

Este coeficiente se reducía al 5% en el caso de los inmuebles, por lo que la exención total del pago de impuestos surtía a los 20 años. También era interesante el coeficiente para otros instrumentos de ahorro como los fondos de inversión con una reducción del 7,15% anual que provocaba la exención total del pago de impuestos transcurridos 15 años.

¿Cuál era la justificación de estos coeficientes correctores de la plusvalía? El Gobierno de Felipe González buscaba premiar el ahorro a largo plazo -del que tan necesitados estamos- en detrimento del ahorro más cortoplacista. Ello tenía también una justificación desde la óptica de un Gobierno socialista. Favorecer a los ahorradores con el paso del tiempo e ir en detrimento de lo que podría calificarse como especuladores.

Déficit de ahorro y pensiones

Este tratamiento tenía efectos beneficiosos para casi todos. Fomentaba la inversión de largo plazo, favorecía a los fondos de inversión (a los que se les supone una gestión profesional) y también impulsaba la compra de acciones como forma de estar en el mercado con una cartera consolidada. Además, penalizaba la inversión en depósitos bancarios y cuentas corrientes donde, por otra parte, se encuentra ahora paralizado el grueso del ahorro en España.

Tenemos déficit de ahorro español en las cuentas de nuestra economía lo que nos hace más vulnerables a cualquier crisis al depender del capital extranjeros. Los últimos datos apuntan a que el 44% de la deuda española está en manos de foráneos. Además, el 80% de las transacciones en Bolsa la hacen inversores institucionales extranjeros.

Por último, la gran ventaja de un ahorro tratado con coeficientes reductores es la jubilación. La polémica sobre la desgravación de los planes de pensiones, la falta de ahorro de los españoles se podría solucionar fácilmente con una inversión a largo plazo que eliminase el pago fiscal con los años, o lo redujera.

Me temo que, lamentablemente, por ahí no irán los tiros. Será otra oportunidad perdida.