OPINIÓN Nunca vi tan caros los precios de la vivienda en Madrid

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Luis Aparicio

No puedo evitar sentirme atraído por las oficinas inmobiliarias que han proliferado como hongos en las calles de Madrid en los últimos meses. Buena muestra de lo que es un sector cíclico: desaparecieron con la crisis y han vuelto a abrirse a cientos en los locales vacíos por los nuevos hábitos de compra de los españoles. Podríamos echar la culpa a Amazon y el comercio por Internet que está dejando desolado el mercado de los locales.

Esta afición a ver las ofertas de alquiler, de venta de pisos me lleva a un conocimiento –no científico- de lo que piden los vendedores por sus pisos que se remata con esos carteles cruzados donde figura “Vendido” o “Reservado”. Ayer observé uno que me llamó especialmente la atención y que ya mostraba su categoría de Vendido. Se trataba de un piso en la zona de la Fuente del Berro de 107 metros cuadrados a reformar por 499.000 euros, lo que da un total de 4.666 euros por metro cuadrado.

A este cartel le acompañaba otro piso por la zona de 47 metros cuadrados por 290.000 euros (6.170 el metro cuadrado) y otro de estudio de 33 metros (eso sí, con cocina independiente) que destacaba con sus 239.000 euros (7.242 euros el metro cuadrado). Una oferta inmobiliaria en la capital española que nunca vi tan elevada ni siquiera en los años de mayor euforia, allá por 2010 (el inmobiliario tardó un poco más en reaccionar a la crisis financiera).

Podría poner otros muchos casos de precios desorbitados, a mi modo de ver, que no se ajustan ni de lejos a la realidad salarial que hay en España. La última encuesta del INE sitúa el salario medio en los 22.000 euros y en los años de la crisis se ha producido un ajuste salarial importante. No tiene, pues, mucha lógica que los precios estén en los niveles del boom inmobiliario o por encima y que los salarios hayan bajado desde aquellas fechas.

Nuevamente, la clave de esta demanda de vivienda que está provocando que los precios se desboquen está en los bajos tipos de interés y en la facilidad de crédito de las entidades financieras, ahora dopadas con el dinero del Banco Central Europeo (BCE). Pero a ello, se añade el encarecimiento aún más brutal del alquiler y que según el estudio de BBVA Research estaba siendo determinante en el crecimiento de las compraventas.

Aunque uno de los argumentos más esgrimidos últimamente en la euforia de la vivienda en Madrid es la eclosión de pisos turísticos y la entrada de inversores institucionales, lo cierto es que recientes estudios apuntan a que únicamente representarían el 8% del total del mercado, porcentaje que no es demasiado relevante para explicar estos altos precios.

Los datos del INE que llegan hasta finales de 2017 constatan que la vivienda en la Comunidad de Madrid es la que más subió ese año con el 12%, seguida por Cataluña con el 10% y Baleares con el 9,8%. La media nacional se colocó en el 7,2% con Murcia, Castilla-La Mancha y Extremadura como regiones con menor pujanza en los precios.

En el caso de Madrid que, a mi modo de ver, supera los niveles del boom inmobiliario también se dan otras circunstancias que van a ser decisivas y que nacen de las iniciativas del Ayuntamiento regido por Manuela Carmena. La llamada Almendra de Madrid que recoge todo el cinturón limitado por la M-30 tiene una fuerte presión el tema medioambiental. A las limitaciones al tráfico por la vía de aceras más anchas y menos carriles de circulación, además de la reducción de plazas de aparcamiento, se suman otras limitaciones. El Ayuntamiento ya ha anunciado impedir el acceso de los automóviles más contaminantes al centro de la capital a partir del próximo mes de noviembre, salvo en caso de residentes.

Son todos ellos elementos que hacen más atractivo vivir en el centro de Madrid y que presionan de forma destacada los precios de estas viviendas. La almendra madrileña va a terminar por ser una zona exclusiva que, tal vez sin pretenderlo, el gobierno de izquierdas del Ayuntamiento convertirá en un gueto exclusivo para los más ricos.