La Bolsa es la única alternativa para el final de año, según Bankinter

Comercio, Brexit, geoestrategia (Irán, petróleo…), demografía adversa e incluso la proximidad de las elecciones americanas de noviembre de 2020. Los riesgos siguen bien vivos e incluso han ganado intensidad. Pero los factores de soporte funcionan: ausencia de inflación, tipos de interés cero o negativos, beneficios empresariales expansivos (más de lo que aparentan) y probables estímulos fiscales y presupuestarios a juzgar por el cambio de actitud de Alemania y Holanda… además de Estados Unidos, que cambió mucho antes.

Conviene tener muy presente que Trump aspira a salir reelegido gracias a tipos de interés más bajos (sus presiones sobre la Fed no tienen precedentes), a otra probable bajada de impuestos, a mantener vivas las negociaciones comerciales con China (consiguiendo victorias parciales, pero sin cerrar un acuerdo global) y a un dólar más bien fuerte. Pero para cuadrar el círculo también necesita unas bolsas en positivo, sin las cuales la sensación de riqueza del votante americano se tambalearía… y con ella su propia reelección. Precisamente por eso, éste arriesgado equilibrio funcionará.

Bancos centrales y gobiernos

Y, efectivamente, no lo parece. Pero es así. A diferencia de cualquier otro ciclo expansivo anterior, en este los bancos centrales han cambiado su papel de controladores de la inflación por el de promotores de inflación… y del propio ciclo económico expansivo. Y ya han demostrado que están dispuestos a cualquier cosa con tal de conseguirlo, así que parece aconsejable no dudar de ellos.

Nunca se gana el pulso a un banco central. Además, ahora que sus medidas de política monetaria parecen menos efectivas, los gobiernos empiezan a verse presionados para actuar con políticas fiscales y presupuestarias expansivas. Aun no es algo generalizado, pero su actitud empieza a cambiar. Tampoco parece inteligente enfrentarse a los gobiernos, pero menos aún si bancos centrales y gobiernos empiezan a actuar coordinadamente.

Todo debería ir más despacio a partir de ahora

Y la principal razón para ello es que el ciclo expansivo ha alcanzado su velocidad de crucero y los beneficios empresariales se han normalizado y estabilizado. Debemos asumir crecimientos económicos más modestos y que la expansión de las cifras corporativas desacelere hacia el dígito simple.

El año 2017 fue extraordinariamente bueno en ambos frentes, en 2018 se cuestionó – exageradamente, en nuestra opinión – lo conseguido y ahora en 2019 se ha extendido el temor a que la expansión haya terminado. Sin embargo, lo más probable es que simplemente hayamos dejado atrás el momento de su máxima expansión, a partir del cual es lógico que la pérdida de tracción y que el “ruido de fondo” generado por los múltiples riesgos activos facilite que se propague el escepticismo y que las expectativas se vuelvan más conservadoras. Pero ni eso, ni la simple inversión de la curva de tipos americana – al contrario de lo que muchos piensan – será suficiente para forzar una contracción del ciclo económico global y una caída de los beneficios empresariales.

En un entorno absolutamente distinto en términos de inflación, de tipos de interés y demográficos, parece inconsistente concluir que la sola inversión de la curva de tipos americana indica que la recesión llama a la puerta. También un reloj parado marca correctamente la hora dos veces al día… Eso sí, todo irá más despacio: el crecimiento económico, la progresión de los beneficios empresariales y, finalmente también, las bolsas. Pero no olvidemos un aspecto muy importante de este “mundo nuevo” caracterizado por la ausencia de inflación relevante, tipos cero o negativos y crecimiento muy bajo: la “lógica del déficit de alternativas”. La enorme liquidez disponible continuará dirigiéndose allá donde los retornos aún son decentes o bien existe la esperanza de que continúen siendo suficientes: las bolsas. Al menos mientras el ciclo no se debilite gravemente y los resultados empresariales sigan expandiéndose de forma decente. Y eso todavía no ha sucedido, ni es probable que suceda.

Departamento de análisis de Bankinter