FED y BCE seguirán manteniendo trayectorias monetarias divergentes

Andrea Iannelli

Director de inversiones de renta fija de Fidelity

Los mercados están poniendo el foco de nuevo en las condiciones macroeconómicas y esta semana se celebrarán dos reuniones clave de bancos centrales. Sin embargo, la Fed y el BCE están describiendo trayectorias divergentes.

La primera de ellas serán los dos días de sesiones del comité de política monetaria de la Reserva Federal, el FOMC, a cuyo término se espera una subida de tipos de 25 pb. El crecimiento estadounidense se mantiene, los datos de empleo son buenos y la inflación no dista demasiado del objetivo, por lo que es improbable que el FOMC defraude. Más allá de la decisión en sí, los inversores estarán muy atentos a cualquier posible cambio en las previsiones de la Fed y al famoso «gráfico de puntos» en busca de señales que indiquen que el ciclo de subida de tipos podría acelerarse.

Los precios actuales del mercado están plenamente en consonancia con las últimas previsiones publicadas por la Fed en marzo. Los mercados dan por sentado que subirá tipos esta semana y los precios descuentan una subida más antes de final de año. Existe el riesgo de sorpresa al alza por parte de la Fed, que podría apuntar a dos subidas más de aquí a diciembre. Sin embargo, este desenlace podría desencadenar otra racha alcista en el dólar y otra ronda de intolerancia al riesgo, ya que los activos de riesgo han aumentado su sensibilidad a las subidas de los tipos estadounidenses y los costes de financiación. Obviamente, lo que mueve a la Fed es la economía interna, pero no puede obviar el impacto que sus decisiones tienen en las condiciones financieras en todo el mundo y ha trabajado mucho para guiar las expectativas del mercado hasta el punto en el que nos encontramos ahora. En este sentido, es poco probable que la Fed quiera agitar el avispero.

Por su parte, el Banco Central Europeo va a celebrar el jueves una reunión parecida, pero no igual. Comparado con la Fed, el BCE viaja a una velocidad muy diferente: se encuentra en una fase muy anterior del ciclo de política monetaria, todavía está desarrollando activamente su programa de relajación cuantitativa y no se espera una subida de tipos en mucho tiempo. Se podría decir que la reunión de junio ya ha empezado después de las declaraciones de la semana pasada de Peter Praet, el economista jefe del BCE, quien mostró confianza en la recuperación europea y aseguró que está justificada una retirada parcial de los estímulos. Los inversores podrían tener más datos esta semana, o tal vez tengan que esperar hasta julio o más adelante, pero en cualquier caso la opinión general es que el programa cuantitativo terminará este año. Por lo tanto, los mercados deberían centrarse en los tipos y las previsiones del BCE.

Los datos macroeconómicos europeos han decepcionado últimamente, y tanto los indicadores de actividad como las encuestas tienden a la baja. En el plano de la inflación, el elevado dato de mayo (cuando el IPC de la zona euro se situó en el 1,9 %) da al Consejo de Gobierno suficiente cobertura para reducir las compras cuantitativas, pero es probable que este avance sea temporal y debería desandarse en parte antes de que termine el año. Entretanto, las presiones sobre la inflación subyacente siguen siendo escasas. Así las cosas, aunque los estímulos cuantitativos podrían terminar, el BCE mantendrá un tono de cautela durante los próximos meses.

Esta circunstancia marca un claro contraste entre el BCE y la Fed: los dos bancos centrales seguirán manteniendo trayectorias monetarias divergentes.