Espelosín alerta de una burbuja de expectativas en gran parte del Nasdaq

Alberto Espelosín, gestor del fondo Abante Pangea, da un repaso en su artículo mensual de cierre de mayo a la situación de los mercados y economías y advierte de los peligros y riesgos de una situación que le parece completamente anómala. Estas son las principales claves de su carta:

Considero que sigue existiendo una burbuja de expectativas en algunas compañías del Nasdaq, que es de las que pocas veces se ven en la vida. Y a ello hay que sumarle la posibilidad de que la regulación se ponga en marcha en muchas de estas empresas, cuyas condiciones de monopolio y bajas tasas impositivas son insostenibles.

Después de la ruptura de los 6.080 puntos y ahora que se han hecho máximos, existe una posibilidad real de que el índice siga avanzando hacia la zona de los 7.348 puntos o, incluso, de que llegue a los 7.490 puntos. Pero todo esto forma parte del proceso de fin de ciclo en el que está inmerso el mercado estadounidense, en el que el día que se apague la luz no habrá opciones de encontrar la puerta de salida si uno no está preparado. Por el momento, y a pesar de las condiciones negativas que afectan a los beneficios, la inflación salarial, unos tipos al alza y la menor liquidez, el consenso del mercado sigue viviendo de unas expectativas irreales.

Así, no deja de asombrarme que se esperen unos beneficios de 193 dólares por acción para 2020, frente a los 131 dólares de 2017, y después de que este año no tengo tan claro que se alcancen los 159 dólares, ni los 175 dólares previstos por el consenso para 2019. Pero, lo que sucede, es que vivimos de expectativas, y quien crea en la expansión del PER por tipos bajos ya puede poner los 4.000 puntos para el S&P 500 para 2020.

A nivel de acciones, la composición del portfolio me garantiza unos descuentos de valoración frente a beneficios reales (y no expectativas), que me hacen estar muy tranquilo en cuanto a la generación de valor se refiere en los próximos años. Shire, con un peso del 7%, cotiza con un descuento del 20% frente a una OPA ya presentada por Takeda, mientras que Deutsche Telekom, con un peso del  6%, me garantiza un dividendo del 5,5% anual. Por otro lado, KPN, que ha pasado a ser la tercera
posición con cerca de un 5,5%, me da la tranquilidad de saber que, si aplicamos los múltiplos de la OPA que se lanzó sobre TDC, podría subir un 60%. Y, por último, tengo que hablar de Telecom Italia, que iniciará en breve el spin-off de la red y se pondrá en valor una compañía con un potencial del 50%.

Así, el resultado de todo esto es una cartera de compañías grandes a precios que creo son una ganga, frente a la sobrevaloración del Nasdaq, aunque, lo que ocurre es que los tiempos muchas veces no confluyen cuando uno quiere.

Vuelta a la realidad

Me da pena que se me tilde de pesimista por expresar una realidad que, de forma silenciosa, se va poniendo de manifiesto todos los días, puesto que, a pesar de que se quiera sostener lo insostenible, el modelo económico en el que estamos inmersos nos llevará hacia una severa vuelta a la realidad. Una realidad en la que se verá que los nuevos paradigmas que nos están intentando meter con calzador, no son más que palabras vacías ajenas a la realidad de que la deuda es un limitador del crecimiento y generador de desigualdades sociales, que mueve los sistemas geopolíticos de todo el mundo.

Además, la deflación hacia la que caminamos por el envejecimiento poblacional, la digitalización, la globalización de costes laborales unitarios y las diferencias entre bancos centrales que usan ilimitadamente el poder de emitir moneda que la devastan, es para mí un riesgo muy serio que acabará con una contracción de los multiplicadores. Asimismo, se puede dar el caso de que acabemos con inflación por pérdida de confianza en alguno de los sistemas monetarios.

Puede ser que todo esto sea normal y que estemos ante un nuevo paradigma que solo unas pocas mentes privilegiadas están viendo. Pero yo, a pesar de hacer esfuerzos por entender otros modelos, soy incapaz, dentro de la flexibilidad de mi mandato, de adoptar mayores posiciones de riesgo, puede que no me dé la mente o quizás la tenga excesivamente rígida. Así, repito que uno puede hacer las relaciones de causalidad que quiera, pero lo que estamos viendo en el mundo globalizado actual nadie lo podría haber imaginado.

Y yo cuando invierto pienso en ustedes y creo que la mejor forma que tengo de hacerlo es siendo coherente con mis modelos y analizar fríamente la realidad sin generar relaciones de causalidad nunca vistas. No tengo el poder de adivinar el futuro, pero sí
que creo que mi carrera profesional debe seguir basada en los fundamentos y no en las
expectativas de la ‘sostenibilidad de lo insostenible’. Este ciclo ha muerto y por avaricia estamos dejando que nuevos personajes invadan la escena geopolítica, con las graves consecuencias que eso puede tener.

En cuanto a lo que vamos a ver en los próximos dieciocho meses, creo que dividendos con beneficios reales, oro y compañías defensivas, son opciones muy razonables y, en ese escenario, el fondo puede generar rentabilidades positivas por encima de la rentabilidad de la bolsa.

Si tienen algún amigo turco, pregúntele ahora que la inflación es del 12% y los tipos cortos han subido al 18%, qué le parece tener oro. Con este metal no se precipiten hasta que rompa la zona de los 1.370 dólares la onza, porque en ese nivel empezará un rally que lo puede llevar hasta cerca de los 2.000 dólares. Y aprovechen las caídas de corto plazo, si sucedieran a la zona de los 1.150 y 1.200 dólares, para tomar fuertes posiciones.

En el caso del Nasdaq, creo que desde la zona de 7.150 hasta 7.500 puntos se puede vender, con la expectativa de tomar beneficios en la posición corta en la zona de los 5.800 puntos antes de otoño de 2019. Y si quiere tener valores baratos a un precio muy razonable con altos potenciales por encima del 25%, le recomiendo que mire las diez principales posiciones de Pangea.