OPINIÓN ¿El fin de los nuevos partidos políticos?

Luis Aparicio

La elección del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez está sorprendiendo a todos. Gente preparada, europeísta, liberal en general y con nombres tan grandes como Pedro Duque o Josep Borrell. Las redes sociales ponen en evidencia la buena acogida al nuevo Gabinete que recibe beneplácitos de personas ideológicamente contrarias al PSOE.

El fuerte peso de las mujeres que superan a los hombres en la mesa del Consejo de Ministros que se celebre este viernes es un guiño claro al género mayoritorio entre el electorado y engancha muy bien con el deseo de otras formaciones políticas como Podemos. Es difícil poner pegas al conjunto de ministros y siempre habrá partidarios y detractores de personas concretas pero es más difícil encontrar una visión negativa de conjunto.

El PSOE resurge de sus cenizas con este Gobierno y se pone al frente de la agenda política de la que había estado desaparecido durante años, a no ser por los conflictos internos y las guerras para buscar un sucesor de Rubalcaba (ha llovido mucho desde entonces).

Aunque en una etapa mucho más embrionaria, el Partido Popular que dejó la semana pasada el Gobierno, se encuentra en una situación similar tras la despedida del presidente de su partido, Mariano Rajoy. Si en el congreso que elija al candidato se logra dar con un perfil aglutinador, alejado de la corrupción que consiga traer caras nuevas y solventes y haga olvidar el casposo desfile de políticos peperos acosados por la Justicia, puede haber un renacimiento interesante.

Vivimos tiempos de lo que algunos definen como la política líquida y los cambios de opiniones y tendencias se producen a velocidad de vértigo. Ya lo hemos visto en pasados encuentros electorales y en los sondeos. En pocos días, en pocos meses se cambian las posiciones y el electorado varía su intención de voto.

La del PSOE es una mala noticia para Podemos y Ciudadanos. Ambos le quitaron parte del pastel; unos por el centro y otros por la izquierda. Votos que pueden volver al partido de Pedro Sánchez si logra capear el temporal un año con acierto. Su Gobierno será un reclamo para nuevas citas electorales y el buen recibimiento es una garantía de que muchos querrán que continúe.

Respecto al PP, su resurección está mucho más en el aire. Pero de elegir un candidato potente que se rodee de personas con solvencia y se alejen caras del pasado demasiado vistas, puede aumentar su base electoral de manera clara.

Su gran baza de la mejoría económica -con todos los peros que se le quiera poner- con un partido renovado y un líder carismático puede hacer mucho daño al partido de Rivera que tendría que devolverle los votos que cogió prestados en pasados encuentros electorales.

La presidencia de Pedro Sánchez en el Gobierno y la marcha de Mariano Rajoy son una pésimas noticias para los partidos de Pablo Iglesias y de Albert Rivera que en esta efervescencia de las intenciones pueden quedar muy relegados.