El bono español empieza a asustar en el 1,8%

Luis Aparicio

Todo es relativo y los hay que venimos acostumbrados a ver el bono español en niveles estratosféricos en la década de los ochenta en pleno proceso de devaluación de la querida peseta.

Los mercados de deuda han vivido intervenidos en los últimos años de esta crisis después del levantamiento del veto de Alemania y de las compras masivas de bonos por parte del BCE que también apoyó a numerosas empresas.

Quedan poco más de dos meses para que finalice el plan de compra de bonos por parte de Mario Draghi y eso unido al desmadre del Presupuesto italiano y las dudas que plantea el español, pone las cosas difíciles a los bonos.

El bono español ha tocado hoy un máximo del 1,826% con la prima respecto al bund alemán fijada en los 141 puntos básicos. Para buscar un dato similar en rentabilidad del bono hay que retrotraerse a octubre de 2015. Italia ya está en el 3,7% de ganancia en su bono y solo se ve superado por el bono griego a plazo de 10 años con el 4,48%.

En la teoría de los mercados y, a diferencia de lo que ocurre con los tipos de intervención siempre se ha dicho que los mercados son soberanos y se rigen por la oferta y la demanda. Esto no ha sido así en los últimos años porque la demanda estaba garantizada con el banco central.

¿Qué ocurrirá cuando desaparezca ese comprador altruista, al que en principio le importan menos las pérdidas que facilitar una financiación barata a las economías europeas?

Pues será la vuelta a la soberanía del mercado, a la oferta y la demanda basada en datos económicos, expectativas de déficit y evolución de la inflación. Sin el apoyo de las inyecciones de liquidez, tal vez sea el momento de ser más ortodoxo y abandonar de una vez por todas el déficit primario que sigue presente en la economía española como consecuencia de unos gastos que año a año superan a los ingresos recaudados.

Esto de los mercados nada lejos de grandes ideologías o simpatías políticas. El dinero quiere saber si al que presta dinero tiene capacidad de devolver los intereses y el capital y cuenta para ello con suficientes recursos. Lo demás, les es indiferente.

Pero en la situación actual de incremento del gasto de no corrección del déficit primario y de prórroga continua en el cumplimiento de estos deberes, las cosas se pueden complicar. Y esos movimientos serán rápidos, drásticos y pueden dejar un panorama desolador no solo para el Estado que se tendrá que endeudar cada vez a costes más altos alimentando más déficit.

También las empresas deberán pagar más por sus costes financieros después de los años idílicos no solo de tipos de cero sino de un comprador obediente y siempre dispuesto a evitar cualquier movimiento brusco. Y si se me permite el chascarrillo, la hipoteca de la hermosa casa del líder de Podemos, Pablo Iglesias, se encarecerá notablemente en los próximos años y puede también que no consiga una segunda hipoteca para disfrutar del mar y montaña.

El timing de esta situación siempre es complicado. Aunque sea una tautología, lo cierto es que ese momento, de seguir así las cosas, está cada vez más cercano.