Coche eléctrico: ¿Qué pasará con el impuesto de hidrocarburos?

Luis Aparicio

El Gobierno pone plazos al fin de los motores de combustión para 2040 cuando dejarán de comercializarse. La apuesta es clara por el motor eléctrico o el de hidrógeno que todavía es aún ineficiente por el coste de extraer este gas.

Pero en todos estos propósitos muy loables de reducir las emisiones contaminantes de los motores de combustión se olvidan de los ingentes ingresos que suponen para las arcas públicas los impuestos que generan. En este año, de enero a mayo, el ingreso para Hacienda ha sido de 4.453 millones de euros y en todo 2017 se superaron los 10.800 millones de euros. ¿Quién sustituirá este dinero en un país que no consigue siquiera tener superávit primario en sus cuentas?

Aunque sea adelantar el debate unos años, habrá que empezar a pensar de qué forma se sustituirá este impuesto. Y ahí, podemos ser muy imaginativos. Cobrar un peaje por el uso de todas las vías como ya se está planteando. Un pago anual por ser propietario de un vehículo. O, tal vez, un impuesto específico para la electricidad que del automóvil o del hidrógeno si es que acaba siendo factible su puesta en marcha.

El coche no contaminante abre muchas preguntas sobre los impuestos que desde muy pronto empezarán a soportar este tipo de vehículo. En principio, para animar a los consumidores se destaca el bajo coste de los kilómetros frente a los vehículos tradicionales. ¿Pero cuánto durará esta ventaja competitiva cuando se abaraten los coches eléctricos y poco a poco empiecen a ser mayoría?