Azvalor tranquiliza a sus inversores explicando la estrategia value de sus fondos

Fernando Bernad Marrasé

Codirector de Inversiones de Azvalor Asset Management

Si usted ambiciona batir al mercado, le recomiendo que invierta en un gestor value que haya demostrado resultados a largo plazo (elegir al gestor value adecuado tampoco es necesariamente tarea fácil ni libre de error, pero vamos a posponer, por el momento, este problema para cartas ulteriores).

Si invertir en renta variable es, en general, ya exigente, se puede decir que seguir una estrategia value es todo lo contrario de un “paseo triunfal”. El camino para alcanzar una rentabilidad extraordinaria se parece más a una dura carrera de obstáculos. La inversión value es algo tan sencillo como comprar un activo por menos de lo que vale. Esta idea aparentemente tan fácil no lo es tanto en la práctica, pues para comprar a buen precio a menudo es necesario adquirir lo que ha caído. Pero las caídas no son caprichosas, los inversores huyen en masa porque dichos activos sufren de alguna adversidad más o menos grave.

Piénsese que históricamente las oportunidades más espectaculares que se han brindado en bolsa lo han hecho frecuentemente alrededor de los activos más denostados, odiados o percibidos como de mayor riesgo. Es precisamente en estos momentos, cuando más inquietante resulta, el momento oportuno de invertir. Como decía el legendario inversor Howard Marks: “Cuando todo el mundo cree que algo conlleva un gran riesgo, su reticencia a comprar suele reducir su precio hasta un punto cuando deja de ser arriesgado del todo. Una opinión negativa casi unánime puede hacer que suponga asumir el menor de los riesgos dado que todo el optimismo ha sido eliminado del precio”.

No queremos decir con ello que haya que “abrazar” cualquier activo atravesando problemas, pues además requiere discernir, por supuesto, el grano de la paja, la oportunidad, de la trampa de valor. El error de inversión es, con menor o mayor frecuencia, insoslayable. Pero recuerden que la inversión value requiere a menudo invertir contracorriente, sentirse solo y, sobre todo, sentirse solo frente al riesgo a equivocarse (que es doblemente aterrador). Créanme cuando les digo que es mucho más fácil dar explicaciones cuando el gestor profesional se ha equivocado comprando Nestlé o Amazon, que cuando lo ha hecho comprando New Gold. En definitiva, es una inversión “incómoda”, muchas veces en activos francamente impopulares y, aun cuando se acierta, con el riesgo de que a corto plazo sigan sufriendo mayores caídas.

El reputado inversor Michael Steinhardt lo resumió muy bien: “Lo más duro a lo largo de los años ha sido tener el coraje de ir en contra de la opinión dominante en cada momento, tener una visión (contraria). La parte más difícil es que el inversor debe medir sus resultados, no en base a sus propias percepciones, sino frente a la medida objetiva del mercado. El mercado tiene su propia realidad. Y en un sentido inmediato y emocional el mercado siempre tiene razón. Por tanto, si tienes una visión distinta, invariablemente te verás bombardeado durante un tiempo por la opinión convencional expresada en el mercado”.

La experiencia demuestra que pocos son capaces y/o tienen el respaldo de sus coinversores y/o de sus supervisores para embarcarse en una estrategia tan “políticamente incorrecta”. El inversor, y especialmente el inversor value que es capaz de batir al mercado, debe superar constantemente poderosas trampas de comportamiento en las que caemos los seres humanos por el mero hecho de serlo. Las desarrollaremos en siguientes comunicaciones como esta. Baste por el momento mencionar que nuestra labor requiere sortear falsas narrativas, vencer la fuerte tentación a la conformidad con la mayoría o la inclinación a extrapolar linealmente el pasado más reciente. Sólo la abnegada entrega de todo el equipo de inversiones a un exhaustivo trabajo de análisis que proporcione una sólida ancla de valor nos permite aprovecharnos de las oportunidades de mercado en lugar de convertirnos en su “víctima”.

En nuestra trayectoria reciente, por ejemplo, el buen resultado logrado en 2016 en la cartera internacional del 20%, requirió superar la prueba de ir perdiendo casi un 20% en los dos primeros meses del año. ¡“Ten valor” nos decían entonces! Aprovecho para felicitar de nuevo a nuestros coinversores, que en su gran mayoría aprobaron el “examen” al que nos sometió el mercado. Álvaro y yo teníamos la absoluta convicción de que nuestra cartera ofrecía entonces una oportunidad extraordinaria, pero como insistimos una y otra vez, si ustedes no se comportan igualmente como inversores value en los momentos de tribulación, nuestra labor es totalmente estéril.